¿Cuántas veces hemos dicho al día después de una buena cogorza "¡No vuelvo a beber en la vida!" ?Parece mentira que lo sigamos diciendo después de las cientos de veces que hemos incumplido ese propósito. Pero es que el dolor de cabeza, el mareo, las nauseas,..., hacen que nos olvidemos de algo muy importante.... LO REALMENTE BIEN QUE NOS LO PASAMOS ESA NOCHE.
Me gusta decir que <<los mejores planes son los que no se planean>>. Lo he podido comprobar demasiadas veces.
Esa tarde-noche en la que sales por salir, por no estar en tu casa mirando las musarañas, pero solo sales a tomar "algo", que normalmente es un café... o no... también puede ser un COSMOPOLITAN BIEN CARGADO. Y ahí empieza todo...
Las risas, la complicidad, la desconexión... hacen que el tiempo fluya, sin prisa y sin medida. Poder hablar, desahorgarse, pero siempre reírse en buena compañía, hacen que la vida tenga más sentido, que la vida sea más vida. Si a esto le añadimos un buen vino (o uno tras otro), la disinhibición está garantizada.
La siguiente fase es la de LOCURA. Aquella que siempre nos acompaña, pero que a veces está más acentuada que otras. Entonces del buen vino pasamos a la cerveza "callejera", esa que nos hace ver de forma divertida lo que otros días ignoramos. Pobres relaciones públicas... Es cuando empiezas a jugar a ver quién consigue más tickes de bebidas en pubs, cuando te das cuenta de que has perdido tu vergüenza en alguna de las calles por las que pasaste. Pero las risas continúan y el tiempo sigue volando...

A fin de cuentas es lo único que importa, el disfrutar de momentos únicos, diferentes y especiales, que ante todo merecen la pena, aunque al día siguiente te duela hasta el alma.
¡Recuérdalo, si estás así es porque fue una gran experiencia! La resaca es solo un síntoma (o varios de ellos) de lo bien que lo pasaste. Y nunca digas nuca, volverás a beber, asúmelo.
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