AMAPOLA



3 de noviembre de 2015

NO VAYAS DETRÁS DE QUIEN YA SABE DÓNDE ESTÁS


Esta es una frase que leí ayer no me acuerdo muy bien en qué sitio y me hizo reflexionar. ¿Quién no se ha dado cuenta de que alguien se ha hecho el loco para no saludarte? ¿A quién no le ha pasado saludar a alguien por whatsapp o cualquier red social y no ha recibido contestación? ¿Quién no ha llamado una y otra vez a un amigo o pareja y no se lo han cogido?  Y lo peor, ¿quién no ha seguido insistiendo? O peor aún, ¿quién no ha gastado su tiempo intentando averiguar por qué esa persona no le ha devuelto la llamada, sintiéndose como una mierda? Creo que la respuesta estás clara "NO LE INTERESAS, NO LE IMPORTAS, PASA DE TI".

Pues en esa frase está la solución, "no vayas detrás de nadie que ya sabe dónde estás". Así de simple. ¿Significa esto que te tienes que convertir en una pasota, desinteresada? ¿O que hasta que no te llamen a ti, tú no vas a dar muestras de interés? No seamos extremistas. 

Para mi lo que significa es que si a ti te apetece saber de alguien y lo llamas, si no recibes respuesta, no insistas. Eso ya sería ir detrás. Él o ella ya han visto tu llamada, no se te olvide que queda reflejada en el móvil. Tiene conocimiento de que lo has llamado, así que si realmente quiere saber de ti y le importas, se pondrá en contacto contigo. Si no lo hace, ¿para qué perder el tiempo, la ilusión y la vitalidad por alguien a quien no le importas ni un poquito? Mejor revisa tu agenda, seguro que tienes muchas personas que estarían encantadas de saber de ti. Marca su número y regálate un buen rato junto a ellas, tu autoestima te lo agradecerá.



16 de octubre de 2015


YA QUE ME ENGAÑO, QUE SEA A MI FAVOR


Yo, al igual que muchas otras personas, me he estado engañando gran parte de mi vida. No ha sido adrede, de hecho, yo creía que era de lo más sincera conmigo misma y presumía de ser muy honesta con los demás a pesar de ser cruel. Solía decir "prefiero decir la verdad, aunque duela, a engañar a nadie". Pero mira por dónde a la primera que mentía era a mí misma.

¿De qué manera me estaba engañando? Tal vez os suenen esos pensamientos, creencias o convicciones que resuenan en nuestra cabeza martilleándonos: "no puedes desinhibirte y hacer el payaso, pareces tonta", "qué fea estás con ese peinado", "menudo cuerpo feo que tienes, nadie te va a querer", "no levantes la mano en clase para contestar a esa pregunta, seguro que te equivocas y haces el ridículo", "yo no salgo así a la calle, van a pensar que soy una puta", "no tengo ganas de salir a correr, total este culo gordo no tiene solución", "paso de ir a esa quedada de gente que no conozco, soy demasiado tímida y no me integraré", "yo no soy cariñosa, soy borde y fría", "soy una sosa, introvertida, ¿cómo voy a tener amigos?", etc., etc., etc. 

Continuamente sonaban esos pensamientos negativos en mi cabeza que me estaban limitando a ser yo misma y coaccionando para no ser libre.

Pero no sé cómo ni en qué momento me di cuenta de que todo eso que me decía y que tan fervientemente creía, no era verdad. Estaba siendo una mentirosa y eso me estaba destrozando y privando de muchas cosas. Y empecé a repetirme que puestos a engañarse mejor que fuese positivamente y a mi favor. Si todo lo malo que me repetía una y otra vez llegó a instalarse con tanta fuerza en mi persona, lo positivo también lo haría. Al menos lo tenía que intentar. Y así fue. 

Cuando me veía en el espejo fea y gorda (sobre todo esos días previos a la regla) dejaba de mirarme en el espejo y de recrearme con esa estúpida imagen y me decía: "solo es tu percepción, si ayer te viste guapa, hoy no has cambiado de repente. Además aunque seas fea también te mereces ser querida. Y yo te quiero. Voy a cuidarte y hacer que estés bien". 

Al principio funcionaba a medias, pero me quitaba mucho malestar. Con el tiempo se volvió en una manera de ser, mi mente se inundó de este tipo de pensamientos y auto-habla. No es que constantemente me esté echando piropos que no hay quién se crea, pero sí me calmo cuando me llega la negatividad. Pues de vez en cuando la muy cabrona se cuela en mi cerebro y se pone a gritar. Pero mi yo más protector enseguida la combate con cariño hacia mí misma. 

Ahora me repito que soy fuerte, luchadora, que puedo hacerlo, que soy abierta y receptiva, que me importan los demás; me miro al espejo y me digo que soy bonita y cuando tengo esos días con el guapo subido me miro durante más tiempo y me pongo a bailar. 

Pero claro, todos estos pensamientos seguirían siendo un engaño si no los hubiese acompañado de actos. Sí, actos, acciones que me confirmaran que todo eso que me estaba diciendo era cierto. ¿No creerías que con solo pensar ya se iba a producir el milagro? Ojalá, pero no. De la misma manera que cuando me decía que me iba a equivocar en la respuesta al profesor, no levantaba la mano y me quedaba en silencio (esto es un acto, aunque sea pasivo), ahora que me tenía que repetir "no pasa nada si te equivocas, así aprendes más y mejor", tenía que levantar la mano, dejar salir el habla de mi boca y responder. Aunque el corazón me fuese a mil, me sudaran las manos y me temblara la voz.

Y empecé a exponerme a lo que temía echándole dos ovarios, o como diríamos nosotras las locas, "con "tó" mi coño". Que me daba vergüenza enseñar las tetas en la playa porque no estaba muy orgullosa de ellas, pues ahí que las sacaba, les echaba protección, porque las pobres no habían visto nunca el sol y estaban más blancas que el culo de una monja, y las lucía. Que me apetecía hacer yoga en el río y me daba corte que me mirasen, pues ahí que me ponía a practicar centrándome en mis ejercicios, mitigando la importancia que le daba a la gente. Que no me atrevía a entrar en un bar a hacer pis, pues allí que entraba yo tragándome toda mi timidez y me metía en el baño (confieso que esto lo suelo hacer menos, porque me sigue dando corte que me echen de ahí). Que me daban ganas de abrazar a alguna amiga, pues eso hacía.

Y así, poco a poco, aprovechando las oportunidades y retos que me presentaba y me sigue presentando el día a día, fui convirtiéndome en una persona más libre. Sí, es cierto, al principio tuve que empezar mintiéndome, pero de todas formas ya lo hacía. Porque yo no soy fea ni gorda ni fría ni introvertida ni valgo poco. Y eso es de lo que yo estaba convencida. Así que como dice el título del post "YA QUE ME ENGAÑO, QUE SEA A MI FAVOR".

06 de octubre de 2015

ESTAR A GUSTO

La mayoría de las personas permanecemos en una búsqueda constante de la felicidad. Sin embargo, parecemos más bien perdidos, sobre todo porque no sabemos muy bien qué es eso de la FELICIDAD. Es un término que ha sido definido de mil formas diferentes y por muchos autores a lo largo de los siglos. Hoy en día puede que andemos más perdidos que nunca y pareciera que andamos dando palos de ciego en busca de una panacea. Felicidad, curiosa palabra esta.

En torno a ella gira un gran negocio, nos la intentan vender de todas las manera inimaginables: a base de cosméticos, productos naturales que nos van a hacer sentir mejor, depilaciones y cirugía estética, yoga, meditación, pilates, todo tipo de ejercicios físicos de lo más peculiares y novedosos, diferentes corrientes filosóficas, religiones, libros de autoayuda, trabajo personal, remedios caseros, guías de pasos a seguir para conseguir el éxito, y un largo etcétera que se escaparía a la finalidad de este post. Ciertamente, unas son más acertadas que otras, al igual que unas nos acercan a nuestro objetivo de ser felices y otras nos alejan bastante de él. Creo que la diferencia está en que algunas solo tienen la finalidad de crear necesidades que no teníamos y las otras, de cubrir nuestras necesidades reales incrementando nuestro bienestar.

Pues bien, seguramente no voy a aportar nada nuevo que nadie no haya dicho antes. Sin embargo, me parece algo tan sencillo y tan certero que me merece la pena volver a ello a modo de reflexión. Y si ayuda a alguien a sentirse más feliz pues mucho mejor.

 Pero antes me gustaría aclarar que personalmente la palabra felicidad me da un poco de escalofrío. Y esto es así porque creo que es tan inespecífica, amplia, utópica y personal que se escapa a los sentidos y encierra en ella una gran frustración. Por eso prefiero la expresión “ESTAR A GUSTO”.

Quién no se ha sorprendido alguna vez tumbada en la playa, a una temperatura óptima, sintiendo la brisa marina y la calidez del sol en su cuerpo y ha dicho “¡qué a gusto estoy! O tomándose unas tapas con los amigos, riéndose a carcajadas y alguien ha saltado diciendo “Y es que estamos tan agustitoooo”. Y así podría poner cientos de ejemplos, pero prefiero que cada cual rememore momentos como estos en donde se haya sentido realmente a gusto.

Detén la lectura unos instantes, cierra los ojos y recuerda la última vez que te sentiste así de alegre, relajada, ilusionada, amorosa, y todas las buenas sensaciones que seas capaz de percibir. Fíjate en los detalles, dónde estabas, con quién, qué estabas haciendo, cómo te sentías, qué pasaba a tu alrededor. Concéntrate en esas sensaciones, déjate llevar por ellas. Dedícate todo el tiempo que necesites para experimentar en ti ese “estar a gusto” del que hablo. No tiene por qué ser un día importante o excepcional. Pudo sucederte ayer mientras estabas regando las macetas de tu balcón o cuando paseabas por el parque observando las hojas soltarse de los árboles, incluso pudo ser en tu entorno laboral en ese momento en el que sentiste que todo estaba en orden y te sentiste satisfecha por un trabajo bien hecho. Ahora deja caer tus párpados, respira profundamente y déjate llevar por tus recuerdos.

Como has podido comprobar puedes ser feliz (“estar a gusto”) en cualquier lugar, es más una cuestión de actitud que de lo que uno obtenga o lo que suceda. Por eso para mí la felicidad es buscar cada día esos momentos de “estar a gusto”, al modo que cada uno lo sienta. Y cuantos más “A GUSTOS” te regales, más feliz te sentirás. No tiene más misterio. Como contrapartida, cuantos más “A DISGUSTOS” te evites, menos infeliz serás. Y esto último puede resultar más difícil, pero de ello hablaré en mi siguiente post. 

Te deseo con todo mi corazón que encuentres muchos “a gustísimos”, muchas veces al día, durante toda tu vida. La manera en que lo hagas depende de ti.

Amorosamente (sí, soy así de cursi), Amapola




No hay comentarios:

Publicar un comentario